La música del piano ya había parado hace rato, pero nosotros seguíamos moviéndonos, como si nada hubiera cambiado, nuestros pasos seguían fluidos entre la maleza, concentrados en nuestra tenebrosa danza, rodeados de oscuridad y tinieblas y allí, entre sus brazos, a salvo de cualquier peligro, se me ocurrió pensar que era una forma hermosa de firmar una sentencia de muerte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario